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A todos nos toca

  • 25 ene 2023
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 24 ago 2023

A todos nos toca. En algún momento todos tenemos que pasar por esa charla incómoda con nuestros jefes porque hay algo de la situación laboral que no nos cierra. Van pasando las semanas y un día te cae la ficha: trabajas bien y no te mereces las condiciones que te ofrecen. En ese momento te sentís más empoderada, aunque también con un deje de angustia, porque sabes que estas para más. Desde entonces toda situación de éxito profesional se cubre de un sabor agridulce. Y día tras día, cuando la jornada laboral concluye, te sentís triste como si le tuvieras que cortar a un novio, y sabes exactamente qué tipo de charla tenes que tener.


Ganar el coraje para proponer hablar es un proceso. Primero, cuando pensas en todo lo que haces, te da bronca, porque las cosas deberían ser justas y no lo son. Empezas a dar mil vueltas alrededor de la mesa de la cocina, imaginando conversaciones, respuestas, argumentos y formas de poder ganar la discusión que se va a dar. Mejor dicho, la negociación. Las paredes no te responden y las personas pintadas en los cuadros no cambian su semblante mismo que pases de gritar a llorar. Por momentos también lloras entre gritos porque la bronca se manifiesta de diferentes maneras.


Después te quedas indignada en silencio. Miras al vacío cansada de una charla que aún no tuviste y te angustias por respuestas que aún no escuchaste. La imaginación llena los vacíos y los silencios, y como sabes que las cosas no pasarán exactamente como lo estas pensando, pasas a la próxima etapa del proceso.


La resignación. Te resignas antes de dar la pelea. Te repetís que, si te mejoran un poquito las condiciones, te conformas. ¿Está bien conformarse? Esa secuencia se repite día tras día, hasta que llega el viernes a las siete de la tarde y no hay mucho que puedas hacer excepto bajar el enojo y tratar de recargar energía para el lunes.


Y el lunes probablemente te de fiaca mandarles ese mensaje incómodo a tus jefes, pero lo vas a hacer porque te lo debes a vos misma. Queres encontrar soluciones, un punto medio en el que todos se sientan cómodos. Es difícil, nadie quiere hablar del elefante en la habitación, nadie va a salir conforme, y lo importante termina siendo no perder la calma para no romper lazos laborales.


Sabes que cuando los tengas en frente tenes que pensar rápido porque el que antes proponga algo razonable, gana. Vos vas a haber pasado por semanas enteras habiendo pensado en estrategias, en formas de ganar la jugada. Sin embargo, no se te ocurre qué puede tener el otro bajo la manga, qué va a proponerte, o qué va a querer obtener de esa hora interminable de videollamada. Bien adentro tuyo la intuición te dice que algo te estas olvidando, algo no estas pudiendo anticipar.


Cuando finalmente agendas la reunión, te da todavía más bronca porque lo único que estás haciendo es pelear por condiciones más justas. Y te preguntas si el mundo no sería un mundo mejor si todos buscáramos la equidad. Y ahí te cae la ficha. Por alguna razón entendes que tu pequeña batalla es prima hermana de todas las batallas que se dan para equilibrar la balanza. Al final de cuentas, ningún gran cambio para mejor se dio sin necesitar remangarse y dar un poco de pelea.

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