La cuarentena del 2020 - 7
- Luly Manrique

- 23 mar 2020
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 27 mar 2021
Domingo 22/3 – Día 7 de cuarentena
Un buen día, finalmente.
El operativo “Traer a Papá al País” fue todo un despliegue. Lo primero que tuvimos que pensar fue cómo conseguir que mi mamá pase los controles de General Paz para llegar a lo de mi abuela. Básicamente tuvimos que juntar todos los documentos que demostraran que mi abuela es mayor de 65, un documento con la dirección de ella y un documento que pruebe que es legalmente la suegra de mi mamá: conseguimos una foto del DNI de mi abuela, la libreta de casamiento de mis viejos, y el certificado de casamiento. La foto del DNI de mi abuela fue lo más complicado ya que evidentemente ella tiene ochenta y largo, y no sabe cómo mandar una foto por whatsapp. Tuvimos que hacer una videollamada, le pedí que pusiera el DNI cerca de la cámara y le saqué captura de pantalla. Frente y dorso. Nunca hubiera pensado llegar a esto.
A la ida no la pararon a mamá, a la vuelta sí. Parece que los de la policía la retaron porque no tenía una declaración jurada. También le sugirieron que la lleve a la suegra a vivir a su casa. IMAGINENSE mi mamá y mi abuela viviendo en la misma casa. El coronavirus un poroto comparado con ESE apocalipsis.
Por su parte, papá pudo llegar bien al aeropuerto de San Pablo y embarcar en orden. Mascarilla y guantes de por medio, claro. La complicación fue cuando llegó a Buenos Aires. Al parecer a todos los de Capital Federal los ubican en un hotel por unos tres días y si no levantan fiebre o no tienen síntomas, los dejan ir a su casa. Una vez en sus casas, les van haciendo seguimiento por si presentan síntomas a lo largo de los próximos días hasta que cumplan 14 días. Tanto mi mamá, como mi papá, como yo estuvimos contentos con el cuidado que iba a estar recibiendo. Lo único malo es que parece que la policía federal no estaba tratando muy bien a los que llegaban a Ezeiza: varios de los que están entrando al país habían viajado cuando ya había sido declarada pandemia. Por lo cual el “reto” fue cuestionando por qué se habían ido si sabían que estaba todo muy complicado. La policía federal comportándose como los padres del país…
Dejando todo eso de lado, fue un día muy ameno. Conseguí hacer ejercicio, leer un libro, seguir el rompecabezas. También hice una videollamada con mi mejor amiga. La cantidad de reflexiones que las personas estamos teniendo en este tiempo es increíble. Todos estamos viviendo y sintiendo la cuarentena de forma diferente, pero creo que todos coincidimos en algo: parece algo sacado de una novela de ciencia ficción. No parece real que en menos de una semana toda nuestra libertad - en términos de circulación – haya desaparecido. Leí algo muy interesante, de un texto que me pasó mi mejor amiga, que decía que los humanos estamos acostumbrados a ser seres sociables, rutinarios y que nos gustan las cosas previsibles. Con la actual situación global no solo no podemos ser sociables con nuestros conocidos y amistades de la forma que estamos acostumbrados sino que tuvimos que reajustar nuestras rutinas de un día para el otro y aceptar la constante incertidumbre.
Entre medio de todo el caos, me alegra que los temas de conversación con mi amistades no hayan cambiado tanto. Evidentemente antes las conversaciones eran con helado, birra, y merienda de por medio; hoy en día son pantalla de la compu o del celular de por medio. Antes las preguntas disparadoras era “¿Qué hiciste en la semana?” o “¿Tenés planes para el finde?". Ahora la respuesta a amabas preguntas es la misma: me quedé en casa. Hoy las preguntas tienen que ver más con "¿Cómo estás pasando la cuarentena?". En cierto punto me parece increíble estar viviendo este momento de la humanidad, que va a ser recordado en todos los libros de historia como el momento que el mundo se paró debido a un virus.



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