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La cuarentena del 2020 - 33

  • Foto del escritor: Luly Manrique
    Luly Manrique
  • 13 sept 2020
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 27 mar 2021

Domingo 13/09 – Día 183 de cuarentena


Hace un mes que no escribo. Y básicamente la razón es porque podríamos decir que casi ya no hay cuarentena. Tenemos restringidas muchas cosas: juntarnos entre amigos, abrazar a personas, compartir un mate, ir a la oficina, tomarse un avión a una provincia u a otro país (en realidad hay vuelos a otros países, pero son muy pocos), entre otros. No sé si son más las cosas que no podemos hacer que las que sí podemos hacer. Yo sé que puedo ir a laburar a lo de una amiga, cosa que hice el jueves. Sé que puedo ir a merendar a lo de mi tía, porque ya lo hice y probablemente en dos semanas lo vuelva a hacer. Sé que puedo ir a la inmobiliaria o a la librería, porque lo estuve haciendo esta semana que pasó. Todo con barbijo, distancia, acrílicos separándonos, alcohol diluido y en gel, y mucho jabón cuando llego a casa. Pero mal que mal, con mucha precaución, lo podes hacer.


Si algún médico o alguien del sistema de salud lee esto, probablemente me putee. Capaz no debería hacerlo, porque la realidad es que los casos en la Argentina son cada vez más y las camas, de lo que entiendo, están cada vez más ocupadas. Pero (sí, siempre hay un pero) ya van seis meses que estamos encerrados, así que algo tenemos que socializar. Reitero, todo con precaución, sin abrazos, sin compartir, sin poner personas de riesgo en...bueno…en riesgo.


Justo acabo de volver de tomar una birra con una amiga en el pastito. ¿Se acuerdan de esa amiga con la que hace unos meses soñaba en que nos encontráramos en el bar que siempre íbamos y nos abrazáramos y tomemos una birra sentadas en una mesa de bar? Bueno, fui con ella. Pero la situación fue levemente diferente a lo que me imaginé: no hubo abrazo, no fuimos al bar, y tomamos la birra - que fuimos a comprar a un supermercado - en el pasto. Es una pequeña vuelta a la “normalidad”, a algo que perdimos de nuestra vida pre-pandemia. Desde mi punto de vista, tenemos que acostumbrarnos que la pandemia va para largo y las cosas no van a volver a hacer como antes por un largo tiempo.


Si tuviera que hacer un comentario muy nerd, diría que tenemos que ser plásticos. La plasticidad es la capacidad de un individuo a modificar su fenotipo ante un cambio en el ambiente. Si suponemos que el fenotipo es nuestro comportamiento, podríamos decir que si nuestro entorno – ambiente – cambió por la aparición de este virus, entonces tenemos que ser plásticos y modificar nuestro comportamiento para mantener nuestro bienestar. Los extremos no ayudan: paranoiquiarse no ayuda a la salud mental de nadie, hacer como que nada está pasando tampoco existe.


Nuestro marco de convivencia se modificó: ya no podemos saludar a gente conocida que encontramos por la calle con un abrazo, ya no puedo ir todos los fines de semana a lo de mi vieja en tren, ya no puedo salir a un bar con mis amigas un miércoles para cortar la semana. Pero si puedo verla a mi mamá cada dos o tres semanas y salir a caminar por el barrio, si puedo ir a tomar un café con mis amigas a un parque, si puedo merendar con mi prima en casa. Si el marco cambia, cambiemos nosotros.


Y eso lo llevaría a todo aspecto: nuestra dieta, nuestros consumos, la forma de relacionarnos cambió. Me gustaría pensar que este tiempo nos debería haber servido para replantear lo qué queremos y cómo lo queremos. Me gustaría pensar que algo aprendí – aprendimos – por estar separados bastante tiempo de la gente que queremos. Me gustaría pensar que todos pudimos identificar nuestros privilegios y que vamos a ser más agradecidos por las cosas que tenemos y más generosos con los que menos tienen. Me gustaría pensar que todos – ¡o al menos yo!- vamos a terminar el 2020 siendo mejor personas.


La realidad es que muchos dicen “quiero que se termine este año de miércoles” o “en el 2021 voy a hacer tal y tal cosa” pero la realidad es que si los números no aflojan, el primero de enero del año que viene va a ser igual al 31 de diciembre de este año. Yo soy de los que espera que afloje: me gustaría ir en marzo a Uruguay como tenía planeado este año, me gustaría ir a Brasil en mayo ya que tuve que reprogramar mi viaje de julio, me gustaría abusar de la presencia de mis amigas y familia antes de irme a estudiar a otro país. Ah sí…eso. Algo que la pandemia no puedo parar fue mi proceso de cruzar el charco para estudiar en otro continente. Puede que ocurra como que no, pero no quita que lo quiera. Mucho.


Y hablando de tiempo, hoy pasaron 183 días desde aquel lunes en el que se anunció la cuarentena no obligatoria. Esee lunes fue el último día que fui a la oficina y que vi a mi jefa. Fue el día que caminé la mitad del trayecto desde la oficina a mi casa para evitar pasar tiempo en el subte lleno. Pasaron 183 días desde aquel momento que sentí miedo de salir de mi casa. El número 183 suma 12. Puedo haberle pifiado siguiendo la cuenta de los días, pero que hoy sea día 13 de septiembre y el número de días desde mi encierro sume 12 es muy perfecto.


Me gustaría cerrar este diario acá. El objetivo de esto era ayudarme a canalizar lo que estaba ocurriendo – que fue y sigue siendo único – y dejar registro de cómo arrancó la cuarentena en la Argentina y cómo lo vivió una mujer hetero-cis que tiene un laburo que le permitió hacer home office y que vive sola. La ausencia de mención a mis relaciones con el género opuesto es porque si algo aprendí este año, es que mi relación con un hombre no me define por lo cual tampoco quise que definan estas páginas. Actualmente no siento que esté en una situación de incertidumbre total, de miedo paralizante. Tampoco siento que sea una cuarentena. Siento que es un aislamiento con restricciones, es vivir en el medio de una pandemia global. Mucha gente cree que porque abrieron los bares con mesitas afuera, ya no hay virus. Pero si, mis queridos, el virus sigue estando, la gente sigue siendo internada y la gente sigue muriendo.


Si me pongo a pensar demasiado en qué frase épica tengo que usar para cerrar este capítulo de mi vida, probablemente lo arruine. Hay dos cosas muy genuinas que puedo decir: lo primero es que el 2020 no está cancelado para mí porque aprendí a cocinar con masa madre, ahora hago ejercicio dos veces por semana, y aprendí qué quiere decir que tenga mi ascendente en capricornio; lo segundo sería que si el día de mañana es común usar barbijo por la calle y no saludar a la gente con un abrazo, sepan que eso no pasaba en el 2019.


Con amor, Luly (13/09/2020 – 22:14)

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