La cuarentena del 2020 - 5
- Luly Manrique

- 20 mar 2020
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 27 mar 2021
Viernes - 20/3 – Día 5 de cuarentena
Hoy fue el primer día oficial de cuarentena en Argentina. Parece que la medida de cuarentena obligatoria de cierta forma funcionó. Pero lamentablemente no se están tomando medidas rígidas para atenuar el brote en todos los países. En Brasil, por ejemplo, siguen con medidas leves.
Hubo un único sobresalto familiar en día de hoy (¡por suerte fue solo uno!). Resulta que mi viejo quiere venir a la Argentina. Va de vuelta: mi viejo que está en Brasil asilado hace 5 días quiere pasar por dos aeropuertos para venir a pasar la cuarentena en la casa de mi mamá. Una real locura que es entendible desde el punto de vista de su salud mental. Mi mamá realmente quiere que mi papá venga para acá porque está asustada; pero no quiere que venga para la casa (por precaución).
Después de idas y vueltas por teléfono - yo tratando de no meterme porque digamos que son dos personas de cincuenta y pico de años que ya saben qué quieren hacer con su vida – no sé a qué conclusión llegaron. Para mi mamá, mi papá tiene tres opciones:
Opción A) quedarse en su departamento de Brasil haciendo solo la cuarentena;
Opción B) venirse para acá y quedarse en un hotel (parece que hay dos hoteles muy paquetes que están preparados para recibir los que vengan del exterior y no tengan donde quedarse) hasta que pasen los 15 días. Después si puede venir a casa;
Opción C) venirse para acá y quedarse en mi monoambiente. Sí, ya que yo no estoy usando mi amado monoambiente, lo pongo al servicio de la familia.
Son las nueve de la noche y no sé en que quedó eso. No estoy segura si quiero meterme en ese tema en este momento, ando muy abrumada con todo lo que está pasando. La buena es que estuve entretenida con el laburo y abrí bastante menos los diarios. La mala es que empecé a menstruar a la mañana y me sigue doliendo la cabeza de a ratos (por ejemplo, mientras escribo esto me duele la parte centro-izquierda de la cabeza y tengo la cara caliente…capaz porque estoy con la computadora arriba mío que me está calcinando las piernas y no corre aire en la habitación. Capaz).
La anécdota del día fue a la mañana. Me desperté por culpa de un mosquito a las cuatro de la madrugada y tardé bastante en dormirme de vuelta (ah sí, ando descansando bastante poco). En un momento escucho que se abre la puerta del comedor y me desvelo de golpe pensando en que mi mamá se estaba yendo a dejarle una llave a una inmobiliaria (ayer ya me había dicho que tenía que ir, yo ya estaba muy agotada como para pelear por eso). Salté de la cama y fui corriendo hasta la puerta del comedor, pero ya era tarde: mi mamá ya había cerrado la puerta.
Corrí hasta la puerta de la cocina para llegar al garaje. Abrí la puerta que da al garaje y vi que mi mamá estaba abriendo uno de los portones, todavía le faltaba abrir otro portón y sacar el auto. Corrí de vuelta a mi cuarto a agarrar un pantalón y un buzo: no iba a permitir que interactúe con gente, y yo me podía cambiar en el auto. Cuando vuelvo al garaje, se asusta en verme con la ropa en la mano y me promete y me re promete que le va a dar la llaves desde adentro del auto. Me mostró la bolsita donde tenía las llaves. Le vi en los ojos que no estaba mintiendo. Porque después de todo es mi mamá, la conozco. Rendida, volví a la cama, todavía podía dormir una hora más.
Pero sorpresa: a los cinco minutos que apoyo la cabeza en la almohada, el jardinero del vecino empezó a cortar el pasto del jardín de adelante – que da justo a la ventana de mi cuarto – con la bordiadora. Odié todo, desee con el alma estar en mi casa, desee que no haya tanto ruido a pájaro, y me pregunté por qué el jardinero no estaba en su casa resguardado. Para mejorar la situación, sentí que me vino. Me repetí que era viernes, que mañana iba a poder dormir, que lo importante es que era otro día que no me había levantado con fiebre mientras dormía.
Mi mamá llegó a la media hora y lo primero que hizo fue venir a mi cuarto a contarme como mantuvo su promesa y no se acercó a la mujer. Me contó toda su hazaña con tanto entusiasmo que me dio ternura. No pude volverme a dormir después de todo eso.
¿Reflexión de hoy? Hay un grupo de amigos de la facultad con los que pensamos que es posible que esto sirva para cambiar el sistema económico, productivo en el que vivimos inmersos. Hay otro grupo, también de la facultad, que no cree que sea posible. Probablemente el primero está soñando con un futuro utópico: esta cuarentena me demostró que si bien hay gente muy empática y solidaria, también hay gente que no puede pensar en otra cosa que no sea su obligo. Para cambiar el sistema, necesitamos cambiar la forma en la que nos relacionamos con la naturaleza, con el prójimo, con el que está en otro continente pero compartimos el mismo planeta. El segundo grupo seguramente es el más realista, pero también el que más tristeza me generó. Ambientólogos que crean que no es posible cambiar de la forma que necesitamos…simplemente no tengo palabras para describir la confusión de sensaciones que me genera.
Ojalá mañana ya no tenga dolor de cabeza.



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