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La cuarentena del 2020 - 27

  • Foto del escritor: Luly Manrique
    Luly Manrique
  • 27 jul 2020
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 27 mar 2021

Lunes 06/07 – Día 113 de cuarentena

Hoy estoy realmente cansada. El viernes trabajé hasta las 4 de la mañana, el sábado arranqué de vuelta a las 2 de la tarde y terminé mandando un mail por laburo a las 12 de la noche. El domingo me alcanzó para limpiar el departamento y salir a caminar con unas amigas. Estoy agotada.


Esta semana dura tres días, aunque el jueves – que es feriado – tengo que hacer unos cursos que me anotó mi jefa. Ya estoy planeando que voy a hacer los 4 días de fin de semana: pintar, tocar la guitarra, escribir, leer. ¿Cocinar otro pan de masa madre? Si, por favor.


Ya pasamos a la segunda mitad del año y los europeos ya están prácticamente haciendo vida normal. En Latinoamérica…bueno, realmente no puedo decir mucho. Brasil anda teniendo unas mil muertes por día, pero Uruguay está como Europa. Nosotros…creo que estamos bien. Las muertes – oficiales – no pasan de las 20 de lo que tengo entendido, aunque los infectados superan los mil y pico. Hace 6 días que volvimos a cuarentena estricta, pero el 18 parece que van a volver a flexibilizar porque la velocidad de contagio bajó. ¿Está la población podrida de estar en casa? Definitivamente ¿Vamos a hacer el esfuerzo? Creo que sí.


De todas formas, ayer salí a caminar con unas amigas y había mucha gente por la calle. Muchos con barbijo y respetando el distanciamiento social. Con una de ellas estuve hablando sobre la emoción que vamos a sentir cuando liberen los bares. Si cierro los ojos me lo puedo imaginar: caminar por la calle – con barbijo, obvio – hasta el bar donde normalmente nos juntábamos; llegar y que esté lleno como de costumbre, verla y abrazarla fuerte, tan fuerte que me duelan los brazos y el pecho; ver si hay algún lugar para sentarse, fichar un par de pibes y acercarse a la caja para pedir una pinta de honey y una pinta de IPA; que te den la fichita para ir a la barra a pedir y acercarse al bartender que obvio que nos tira algún comentario sobre volver a salir después de la cuarentena; sentarse al lado de gente que no conoces (bueno, probablemente eso no pase) y charlar sobre absolutamente todo cara a cara sin barbijo ni pantallas.


Pensar en un mundo sin pandemia es raro porque es algo que no conoces ni nos imaginábamos. Cuando nos crucemos a alguien por la calle, no vamos a poder parar y saludarlo con un abrazo. O por lo menos no creo que vaya a pasar eso, alguna secuela nos va a dejar. Seguro este sea un punto de inflexión para ciertos laburos y trámites que antes siempre se hacían de forma presencial y ahora capaz los resolves desde tu casa. Ayer estaba mirando un video en el cual dos famosos brasileros comentaban sobre el uso de la tecnología y las redes sociales actualmente, y como nos acercan en este contexto. Y uno de ellos dijo algo sobre los vivos de Instagram, algo como “parece que sabíamos que no nos íbamos a poder ver e inventamos los vivos”. Me parece una reflexión muy particular y me incomoda un poco. Parece que realmente todo pasa por algo.

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