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La cuarentena del 2020 - 25

  • Foto del escritor: Luly Manrique
    Luly Manrique
  • 27 jul 2020
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 27 mar 2021

Martes 23/06 – Día 100 de cuarentena


No sé si pasaron realmente 100 días. Perdí la cuenta en algún momento y entré al diario para buscar si había una noticia al respecto, pero no encontré nada. Supongamos que voy 100 días de cuarentena.


Cien días son tres meses y diez días. Para algunas cosas parece que es poco tiempo: si te pusiste de novia/o, tres meses es poco; para elaborar un inventario de gases de efecto invernadero, es poco; para hacer una materia de la facultad, es poco. Pero para otras cosas es un montón: no ver a tus amigos por tres meses es un montón.


Creo que cambié desde que estoy en cuarentena. En principio, arranqué esto con 25 años y ahora tengo 26 años y 9 días. Pienso que esta pandemia me hizo darme cuenta de una forma muy real como las crisis terminan afectando a los más vulnerables. También me di cuenta de mis privilegios, de los muchos que tengo. En este momento, no me considero capacitada para opinar sobre si está bien o no seguir con la cuarentena, o si está bien ir para atrás con las flexibilizaciones.


Ah, sí, el gobierno nacional quiere dar marcha atrás con ciertas medidas que había tomado. La realidad es que hace ya unos días que el número de contagiados supera los 1500 por día. Las muertes parecen ser en su gran mayoría en personas mayores, arriba de los 70 años. Hace tres semanas, cuando se hizo la última conferencia de prensa sobre la extensión de la cuarentena, habían permitido ciertas actividades y, si mal no lo recuerdo, que la gente salga a correr entre las 20 y 8 horas. Debo admitir que yo salgo a caminar prácticamente todos los fines de semana y veo mucha gente por la calle. Lo que no sería un problema per se si las personas: uno, no se aglomeran; y dos, usaran bien el barbijo. Cuando salgo a caminar veo que hacen mal ambas cosas. Y digo “hacen” y no “hacemos” porque yo salgo a caminar sola o con una amiga y siempre mantenemos la distancia con el resto (hasta llegamos a cambiar de calle o vereda si vemos que hay mucha gente), y también usamos el barbijo por ARRIBA (SÍ, ARRIBA) de la nariz…cosa que NO todos hacen.


Yo estaría chocha si flexibilizan, pero si la población no se sabe cuidar ¿qué flexibilización podemos esperar? Además, hace unas semanas hablé con una ex compañera del colegio, que es médica, y me dijo que en el hospital donde trabaja están al máximo de capacidad, pero que todos los que llegan dicen que no se cuidaron, que compartieron el mate, que no usaron el barbijo. Y así estamos…


Pero entiendo que existe la realidad del laburante, del que trabaja por su cuenta, del que tiene su negocio, del que se gana el pan de todos los días a través de las changas…pienso en ellos y me parte el corazón no saber si no debería flexibilizarse y listo. Como yo reconozco mi privilegio de poder hacer home office, y de no tener que salir de mi casa a no ser que tenga que comprar algo o quiera caminar un rato, no sé cómo procesar el hecho de que por un lado la sociedad es tan inútil que mejor nos quedamos todos adentro sino estalla el sistema de salud (desconozco si ya no está estallado), pero por el otro están los que necesitan salir. Y para complicar aún más todo, la economía del país está en llamas. Si bien los argentinos estamos constantemente mal económicamente, duele ver las noticias de como empresa tras empresa cierra sus puertas.


Lo único que sí sé es que no podemos seguir comparándonos con el caso europeo. Los países europeos están en pleno verano y ya no están en cuarentena. Tienen alguna que otra restricción (ejemplo: usar barbijos en lugares cerrados o no ocupar todos los asientos en el tren) pero más o menos se volvió a la calle. Los países europeos no tienen la estructura social de Argentina. No solo creo que están equivocados los argentinos que dicen que “si España ya salió, nosotros deberíamos hacerlo” sino también los dirigentes políticos que tratan de copiar las fases de flexibilización que utilizan esos países. Latinoamérica es una región particular que ama ver al modelo europeo como un ejemplo a seguir y trata de copiarlo tal cual. Pero ¿qué tal si analizamos nuestros propios datos y escuchamos a nuestros propios expertos (que son muchos y de excelente calidad) para que nos puedan ayudar a encontrar una táctica a medida? ¿Por qué creemos que todo lo que dice “made in Europe” debe ser alabado, pero todo lo que vienen de nuestra tierra es defenestrado?


No tengo las respuestas y no tengo, ahora, el tiempo para saber por cómo encararlas. Hoy es el cumpleaños de una de mis mejores amigas y en un rato hacemos videollamada ¿Ya dije que ahora tengo 26?


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