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La cuarentena del 2020 - 17

  • Foto del escritor: Luly Manrique
    Luly Manrique
  • 19 abr 2020
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 27 mar 2021

Sábado 18/4 – Día 34 de cuarentena


En este momento estoy sentada en mi cama a las siete y media de la noche escuchando y viendo el concierto de Global Citizen. El concierto arrancó a las tres de la tarde y consiste en grabaciones de diferentes artistas en sus casas cantando canciones suyas o covers. Las grabaciones de los artistas están intercaladas con mensajes de celebridades, médicos, enfermeros, personas de diferentes partes del mundo, personas a cargo de congregaciones religiosas y videos de las personas compartiendo momentos a la distancia. Tengo que admitir que cuando pasan los videos de las personas haciendo ejercicio juntas, pero desde sus balcones o aplaudiendo a todas las personas que están en la vanguardia enfrentando la crisis en forma de agradecimiento, se me pone la piel de gallina.


Tuve clase de teatro online a la mañana. Algunas veces me siento anonadada por la magnitud de la crisis y de la respuesta global. Si bien hay líderes que se están tomando cosas muy a la ligera (ej. Jair Bolsonaro), las personas se lo están tomando muy en serio – o por lo menos la gran mayoría o por lo menos eso quiero creer – al punto que las distancias se respetan y se sale lo menos posible.

Una de las chicas del grupo de teatro es maestra en Entre Ríos y contaba como la realidad de los nenes allá es muy difícil: muchos no tienen internet, computadoras, celulares o un ambiente adecuado para no atrasarse con la tarea. Como en todas las crisis, los más vulnerables son los que más sufren. Es increíble como uno en los peores momentos valora lo que tiene y se da cuenta de los privilegios que lo rodean. Esta misma chica nos contó que ella se acerca a las casas de los alumnos para alcanzarles el material y está constantemente alerta al teléfono para resolver las dudas. El servicio de salud no es el único dándolo todo.


Mi profesora de teatro, que también es maestra, nos contaba que hay padres que no quieren pagarle al colegio porque sus hijos no están recibiendo educación de forma adecuada (adecuada para ellos, porque explícame dónde está escrito cómo se dan clases en medio de una pandemia). Creo que es más noble que le digan al colegio que no pueden pagar la cuota porque no les alcanza el sueldo, que le digan que las maestras están haciendo mal su trabajo.


Hablando de nobleza, mi jefe del otro ministerio donde trabajo – o trabajaba, mi continuidad con ese equipo es solamente formal – renunció. En otras palabras, la persona que me entrevistó y empleó en mi primera pasantía, gracias a la cual tengo el trabajo que amo, renunció. Yo no coincido – o coincidía, es todo muy confuso – con muchas cosas que él hace y piensa, he llegado a repudiar internamente ciertas cosas que ha dicho y el posicionamiento del área respecto a ciertos temas. Pero él no renunció porque consiguió un trabajo mejor, sino porque le empezaron a sacar “frentes de acción” dentro del ministerio. Le boicotearon el laburo. Me da mucha bronca que le hagan eso a una persona que venía construyendo y haciendo un muy buen laburo hace cuatro años y que si bien tiene sus cosas, era un buen jefe. Para mí, es poco noble sacarle a alguien el espacio para trabajar hasta el punto en el que tenga que renunciar. La noticia me la dio un compañero de laburo, pero el lunes tenemos reunión de equipo en la cual asumo que se va a despedir. No creo que de mucha explicación...de hecho las razones reales por las cuales renuncia dudo que nos la de.


Otra novedad de la semana es que estuve saliendo – rompiendo la cuarentena – de lunes a viernes. Lo del lunes es obvio; el martes fui al supermercado; el miércoles terminé yendo a merendar a mi abuela (ella pensó que iba a ir…y me dio lástima cancelarle, está siendo muy difícil para ella el aislamiento); el jueves fui a buscarle algo del laburo a mi vieja a lo de un compañero; y el viernes fui al banco y a buscar mi barbijo reutilizable a lo de una vecina. Hoy no salí y estoy chocha. Cada vez que tengo que salir y entrar a casa, es una tortura. Me tomé taxis y bondis. El bondi…qué momento raro fue el de subirse a un transporte público después de un mes. Fue tranquilo porque solamente pueden viajar personas sentadas y todos con barbijos. El viernes me llegó el pedido de verduras y frutas, fue la primera vez que pedí algo en esta cuarentena y fue muy cómodo. Me voy a tener que acostumbrar a ese método de comprar cosas porque parece que la cuarentena va a durar al menos todo el invierno.

De hecho, ayer leí en el diario que el gobierno estaba manejando la idea de que la cuarentena administrada – aquella en la que no todos salen y hay cosas que se pueden hacer y otras que no – va a durar hasta Navidad. Una real locura, pero los números no bajan en Europa y ellos ya llevan como un mes más que nosotros en cuarentena.


Espero que al salir de esta crisis, seamos una mejor sociedad.

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