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La cuarentena del 2020 - 16

  • Foto del escritor: Luly Manrique
    Luly Manrique
  • 15 abr 2020
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 27 mar 2021

Martes 14/4 – Día 30 de cuarentena


Estoy sentada en el piso, escuchando los ruidos de mis vecinos que no sé si están jugando con los nenes o matándolos, o si las parejas están peleándose o cogiendo. Por lo cual puedo afirmar: estoy en casa.


Después de aproximadamente tres semanas y media en la casa de mi mamá, volví al departamento. De domingo para lunes debo haber dormido unas cuatro horas, tenía muchos nervios, más que cuando me mudé por primera vez. Me desperté, traté de trabajar un poco y pedí el taxi. Vino mucho más rápido de lo que pensé (yo pensaba que el taxi iba a venir desde capital entonces lo pedí 10:30 por el aplicativo de la empresa para que venga…pero pensé que iba a tardar una hora en llegar) por lo cual la despedida con mis viejos fue muy a las apuradas – uno de los vecinos está cantando…ópera – y sin mucho preámbulo.


El taxista agarró la autopista y me contó que probablemente íbamos a pasar dos controles. Al final terminamos agarrando solo uno, en el cual me hicieron pocas preguntas y me dio la impresión que el gendarme estaba con pocas ganas de leer la declaración jurada redactada a mano – la primera pregunta que me hizo fue porque no estaba impresa – y en cuanto le dije que iba a cuidar a mi abuela, nos dejó pasar.

Noté varias cosas en el viaje: primero, el taxista estaba sin barbijo o guantes, lo que me llamó mucho la atención; segundo, pasamos por varios controles, lo que quiere decir que algún mínimo control están haciendo; tercero, había bastantes autos por la calle y de hecho el taxista me contó que ese día había más autos por la calle que en las últimas dos semanas; cuarto, había mucha gente caminando por la calle una vez que entramos a la capital, mucha más de la que me esperaba lo que me generó una mezcla de sentimientos, entre alarma porque la gente no está tomando los recaudos necesarios, y tranquilidad por no ser la única rompiendo la cuarentena.


Llegué a lo de mi abuela, tomé un café con ella y me subí a otro taxi. Antes de eso, le ofrecí si quería que vaya a la verdulería así no tenía que salir. No puedo poner en palabras la cara que me puso…estoy segura que si yo le hubiera insistido, me hubiera tirado alguno de los garbanzos que estaba pelando en ese momento. Así que sí, la dejé salir a mi abuela de unos 85 años. Claramente salió con barbijo, guantes y abrigada. Su actitud tiene una dualidad muy rara: no tiene miedo a enfermarse, pero anda con el alcohol en gel de acá para allá.


En el segundo taxi, sentí un sentimiento extraño cuando empezó a llegar al barrio. Fue raro ver todo después de tanto tiempo, aparte justo se cumplía un año desde que me mudé. Como dice uno de los personajes de “Cien años de soledad”: “La vida no pasa sino que da vueltas en redondo”.


Entré al edificio, al ascensor y me bajé en el cuarto piso. Una de las vecinas salía de su casa. Ella debió sorprenderse, no por verme, sino por la alegría con la que la saludé. Simplemente no puedo poner en palabras lo que sentí cuando entré a mi casa porque no fue esa felicidad que te hace sonreír de oreja a oreja, sino es una felicidad que te genera tranquilidad y paz. Fue como volver a mí misma, volver a mis tiempos, ritmos y espacios.


En cuanto llegué prendí la computadora para laburar y ya en ese momento me di cuenta que la semana iba a ser una semana cargada (y hoy lo pude confirmar). No fui al supermercado porque estaba lloviendo (y me olvidé el paraguas en lo de mi mamá) y además porque trabajé hasta las siete de la tarde. Los llamé a mis viejos mientras limpiaba la cocina y el baño, cené algo de lo que tenía en la alacena y me fui a dormir. Debo haber tardado unos cinco minutos en dormirme porque realmente no recuerdo nada. Dormí profundo: antes de despertarme, estaba soñando y la alarma era un ruido más del sueño, no me despertó el sonido.


Hoy, después de un día de trabajo completo, corté para limpiar el piso y tocar la guitarra. Particularmente estuve de buen humor durante todo el día hasta que mi jefa muy espontáneamente me sumó a una reunión a la que no aporté nada y se me terminó superponiendo con otra que ya tenía agendada hace tiempo. El bajón fue que la otra reunión era con amigas mías del laburo y cuando pude conectarme llegué muy cargada de mala onda, lo que no ayudó al clima de pro actividad que se necesitaba. Si bien sé exactamente cuál fue la contestación de una de ellas que me terminó de poner de mal humor, también sé que debo estar enroscándome de más y que mis hormonas – estamos por el día 28 o 29 de mi ciclo – y mi cansancio me deben estar jugando en contra (parece que los vecinos están en la terraza moviendo caños…no hay caños en la terraza).


Van 30 días de cuarentena, no sé si es mucho o si es poco. Treinta días sin ver a mis amigas estando una enfrente de la otra sin pantalla de por medio. Las cifras hoy en día – acabo de abrir el diario – reflejan que en la Argentina hay más de dos mil infectados, casi seiscientos recuperados y cien muertos. Hay gente que dice que no se están haciendo los suficientes testeos y que en realidad los números son muchos más altos. Hay gente muy preocupada no solo con su salud, pero también con su bolsillo porque hace 30 días que no trabaja, hace 30 días que no tiene ingresos. Hay mucha gente preocupada.


Si abro un diario español – lo acabo de hacer – hay titulares de todo tipo: desde “Trump suspende la financiación para la OMS tras criticar su gestión de la pandemia” hasta la esperanzadora “La cifra de muertes diarias por el virus en España sube a 567, pero se mantiene la tendencia descendente”. Francia ya cerró todo hasta el 11 de mayo – un mes más, treinta días más – y Reino Unido parece estar pasando por un momento complicado. Por otra parte, ayer hablé con una ex compañera del colegio que es médica y me contó que en el hospital donde ella trabaja los casos sospechosos de COVID-19 resultaron todos negativos, pero que hay muchos casos de dengue (me parece que se están peleando las vecinas en el pasillo o hay una peleándose al teléfono). Me alertó que hay que cuidarse, pero que lo peor está por suceder y eso va a suceder cuando se empiece a flexibilizar el aislamiento. Básicamente los 30 días sirvieron para preparar hospitales y al servicio médico. Como se viene la cosa, es probable que vuelva a la oficina – con suerte - en agosto/septiembre.

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