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La cuarentena del 2020 - 9

  • Foto del escritor: Luly Manrique
    Luly Manrique
  • 27 mar 2020
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 27 mar 2021

Jueves 26/3 – Día 11 de cuarentena


No sé si ahora debería empezar con un “Querido diario”, dado que esta situación se está volviendo cada vez más rutinaria y de acá para adelante las cosas que escriba van a ser menos interesante y más sobre un día a día común. Bueno, “común” teniendo en cuenta que salir de nuestras casas ahora es la excepción…


Hoy arranqué a escribir a media mañana…mientras espero que sea la hora para una reunión de trabajo y entre mate y mate. El jardinero del vecino sigue viniendo y arranca como siempre temprano. Los últimos dos días estuve teniendo una incomodidad en la garganta, como si tuviera algo inflamado. Si me pongo a pensar, desde que arranqué la cuarentena que no me siento al 100%.


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11 p.m. …y yo pensando que iba a poder escribir en horario laboral.


Siguiendo con lo anterior, desde el lunes pasado o me duele la cabeza o la garganta. Presiento que estaré somatizando o muy estresada por la situación. Mañana ya es viernes y ya arranca un fin de semana largo. Hoy tuve una reunión de laburo a las 18:30 que duró una hora y pidieron algo urgente para el miércoles. Yo pregunté si estaban teniendo en cuenta que el lunes y martes son feriado…no se acordaban que son feriado. Es como si estuviéramos viviendo en una especie de fluido que no sabes dónde empieza o dónde termina. Las semanas no se cortan con una cena con amigas el miércoles, no existen más los afters de los jueves, ya no tenemos cena de viernes pedida por delivery porque no tenemos ganas de cocinar. Los sábados ya no son de jodas y a las 7 p.m. de los domingos no te agarra bajón porque se terminó el finde. Las semanas no existen, los días son iguales entre ellos y solo se diferencian porque en vez de trabajar en la computadora, estás mirando netflix.


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12 a.m. – viernes


Bueno, tocó llamada de hora y pico con una de mis mejores amigas.


Hablamos de un par de cosas interesantes que hacía un tiempo que ya venía pensando. Primero, la posibilidad de enfermarnos. Si en Alemania se espera que el 70% de la población se enferme, entonces hay una gran posibilidad que acá pase lo mismo. ¿Por qué no me enfermaría? ¿Por qué yo estaría en el 30% que no va a terminar contagiado? De hecho, no me importa tanto el hecho de enfermarme porque tengo confianza que no me va a pasar nada – o eso me repito todas las noches antes de dormir. Me asusta, me aterra, la posibilidad que mi mamá se enferme. Mi dolor de cabeza o de garganta me da miedo porque no sé si es un síntoma de algo que la pueda contagiar. En algún lugar leí que el Gobierno estaba manejando una cifra de 250.000 infectados para Junio en el caso que se haga todo bien. Si no cumplimos con las recomendaciones, la cifra sube a 2,2 millones. ¿Por qué yo no estaría entre esos números?


Lo segundo que hablamos, muy interesante, es de cómo hay gente que no le preocupa, que no toma todas las recomendaciones y no se cuida. Yo tiemblo ante la mínima posibilidad de contagiar a mi vieja. Trato de ser lo más precavida posible cuando salgo. No haría nada que pusiera en peligro su vida, ni por muy baja que sea la posibilidad que le pase algo. No entiendo – y mi amiga tampoco – como hay gente que a la hora de tomar decisiones no contempla los posibles escenarios que pueden salir mal.


Ya casi es la una de la mañana. Mañana me despierto, me baño y tengo que entregar un documento a contra reloj. Tengo una llamada con la gente de la otra oficina y un webinar que me parece muy interesante. El webinar lo puedo volver a ver el fin de semana, de la llamada no safo.


Probablemente mañana sea un día como los últimos once: dolor de garganta, laburo, angustia, llamarlo a papá. ¿Cuándo termina la pesadilla?

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