top of page

La cuarentena del 2020 - 4

  • Foto del escritor: Luly Manrique
    Luly Manrique
  • 19 mar 2020
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 27 mar 2021

Jueves - 19/3 – Día 4 de cuarentena


Escribo esto desde la casa de mi mamá en Bella Vista. Es todo una pesadilla.


A la mañana fui a tratar de conseguir alcohol en gel a lo de un amigo de mi viejo. Traté de tomar todos los recaudos posibles, pero me sorprendí por la cantidad de gente por la calle…como si nada. Fui y no pude conseguir. Yo que sé, mal entendidos de la vida.


Al medio día tuve una video-llamada con las chicas del laburo. Las extraño un montón y hablamos de todo. Estamos asustadas, no entendemos bien qué está pasando. Varias están en la situación que yo estaba: en casa sola. Sí, yo estaba en esa situación – tiempo pasado.


A la tarde me empezó a doler mucho la cabeza así que estuve un poco más tranqui. Ya tenía programado cortar el laburo a las 17:30-18, lavar la ropa, tocar la guitarra, preparar un posteo para Hablamos Por el Cambio Climático. Todo programado, divino, armónico. Si bien mi papá se levantó con más dolor de garganta, sabía que iba a estar bien.


Lo peor llegó a eso de las 18: el presidente de la nación iba a anunciar la cuarentena obligatoria. Y si, era esperable. Este fin de semana es fin de semana largo y había FILA en los peajes por la gente que estaba yendo a la costa. Gente haciendo fila para ir a la costa. En el medio de una pandemia. En el medio de una cuarentena. Las chicas del laburo también me habían contado que gente del ministerio estaba yendo al ministerio. La locura de ayer parecía haberse potenciado. Hoy hay 235.707 infectados y 9.000 fallecidos a nivel mundial. Y esa estadística debe estar subestimando los casos. Pero claro, ¿por qué no hacerse una escapada a la costa para relajar un poco?


De todas formas, la parte más angustiante fue cuando me llamó mi mamá preguntando si me iba a bucar o no, porque hoy era el último día. Y ahí me encontré contra la espada y la pared. Entre hacer lo correcto – acompañar a mi mamá, que es del grupo de riesgo, para que no tenga que salir – o hacer lo que quería – quedarme en mi casa, cómoda, sabiendo que lo peor que me puede pasar a mi es tener un par de días de fiebre alta. Consulté con ella, con mi hermano y con mi principal equipo de soporte: mis amigas. Extrañamente todos coincidieron que tenía que ir con ella, que seguramente no la iba a contagiar y que si esto de la cuarentena iba para rato, lo mejor era estar acompañadas. Capaz lo extraño no es que todos coincidieron, sino que yo empecé a llorar desconsoladamente cuando decidí irme a lo de mi mamá.


Pocas cosas me angustiaron tanto como dejar mi casa. Por tres horas, no pude parar de llorar. Miles de emociones sentí, desde tranquilidad porque dentro de todo íbamos a estar juntas, hasta bronca porque tenía que dejar a mis plantas solas. Si, las plantas y el compost eran mi preocupación. Mis sábanas y mi vajilla. Mis cuatro paredes, que realmente no son mías, pero que las alquilo mes a mes con el sueldo que viene del laburo que tanto empeño le pongo día a día. Con mi vieja discutimos, porque ella cree que yo soy una histérica por no dejarla salir de casa y porque yo creo que ella es igual de boluda – perdón, mamá, te amo – que los que están queriendo ir a la costa por no querer tomar los recaudos necesarios y quedarse en casa por quince días.


Es una pesadilla. Si la podía llegar a contagiar, ya la contagié. Asumo que por lo menos si alguna cae, ahora estamos juntas. Mis amigas dicen que al menos tengo jardín ahora. Lamentablemente, en este momento extraño a mi balcón de 3x2; y mis 5 plantas de exterior, y a mi potus y suculentas de interior que por suerte hoy las regué. Espero que aguanten, espero que pueda volver a casa pronto, espero que esta pesadilla se termine.

Comentarios


© 2023 by The Book Lover. Proudly created with Wix.com

bottom of page